Esos colores que llevás

Son parte de la enfermedad, de la que nunca me voy a curar.

4 notes

Superclásico
Todo arranca en el lunes previo al partido, es una semana especial, se vive de una manera distinta. No importa si sos de los fanáticos que van siempre a la cancha, si lo mirás por televisión o si sólo sos de River porque tu padre lo es. No importa. En ésta semana, todos nos creemos superiores a nuestro eterno rival. Por donde vayas, la ciudad está vestida de blanco y rojo. En la escuela, en el colectivo, en el laburo, siempre hay alguien con una camiseta, un buzo o una mochila de River. Ésta semana somos más de River que por el resto del año.
Peleando el campeonato o no, es un partido aparte. Se vive un ambiente de nervios, tensión por doquier. A medida que avanza la semana, dejando de lado si vas a la cancha o no a ver el partido, preparás el domingo como un día especial, con anticipación. ¿Pastas o asado? ¿La camiseta titular o la suplente? Todo tiene que estar organizado a la perfección, nadie se quiere perder ni el más mínimo detalle de una fiesta única en el mundo, el clásico con más pasión de los cientos que hay alrededor del planeta.
Se acerca el fin de semana, y comienza una nueva etapa, aventurada para algunos. Las apuestas. Desde la mayor pavada, hasta cosas seria. Plata, comidas, cortes de pelo o desafíos. Todo vale por estos 90 minutos que se repiten dos veces al año.
Finalmente llega, uno de los dos fines de semana más especiales del año. La tensión crece hasta más no poder, tratás de quemar el tiempo para que llegue la hora señalada y el juez dé el comienzo. Pero esto nunca ocurre. Uno mira el reloj y nada, no se mueve. Cada minuto parece una eternidad, ni aunque nos tiremos a dormir, si podemos, el tiempo pasa. 
Pero como por arte de magia(?), llega el domingo. Te levantás pensando que para la tarde/noche, vas a tener una sonrisa porque tu equipo le pegó un baile a los primos. Untás las tostadas con mermelada de frutilla con una banda roja sobre el queso crema, te vestís hasta con la ropa interior blanca y roja. Por ese día no existe nada más. Sólo es River. Se deja de lado las obligaciones del laburo, la tarea, la familia, los amigos, las relaciones. Todo. 
Se te puede parar el corazón, pero uno sigue pendiente del partido que está a segundos de arrancar. Y en el momento que arranca, desaparecemos. Las millones de almas en el mundo, teñidas de blanco y rojo, se ponen a disposición de 11 muchachos, que van a dejar la vida por el club más grande de la historia del fútbol argentino. Por las glorias, los títulos, el buen fútbol y las fiestas que pasaron en casi 112 años de una rica historia.
Y es así, como te pido River querido, que me des una alegría una vez más. Que todo lo que viví esta semana tenga un final feliz, por todos nosotros que te alentamos siempre desde el tablón, desde casa o a miles de kilómetros de distancia, porque el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar.. ♪♫

Superclásico

Todo arranca en el lunes previo al partido, es una semana especial, se vive de una manera distinta. No importa si sos de los fanáticos que van siempre a la cancha, si lo mirás por televisión o si sólo sos de River porque tu padre lo es. No importa. En ésta semana, todos nos creemos superiores a nuestro eterno rival. Por donde vayas, la ciudad está vestida de blanco y rojo. En la escuela, en el colectivo, en el laburo, siempre hay alguien con una camiseta, un buzo o una mochila de River. Ésta semana somos más de River que por el resto del año.

Peleando el campeonato o no, es un partido aparte. Se vive un ambiente de nervios, tensión por doquier. A medida que avanza la semana, dejando de lado si vas a la cancha o no a ver el partido, preparás el domingo como un día especial, con anticipación. ¿Pastas o asado? ¿La camiseta titular o la suplente? Todo tiene que estar organizado a la perfección, nadie se quiere perder ni el más mínimo detalle de una fiesta única en el mundo, el clásico con más pasión de los cientos que hay alrededor del planeta.

Se acerca el fin de semana, y comienza una nueva etapa, aventurada para algunos. Las apuestas. Desde la mayor pavada, hasta cosas seria. Plata, comidas, cortes de pelo o desafíos. Todo vale por estos 90 minutos que se repiten dos veces al año.

Finalmente llega, uno de los dos fines de semana más especiales del año. La tensión crece hasta más no poder, tratás de quemar el tiempo para que llegue la hora señalada y el juez dé el comienzo. Pero esto nunca ocurre. Uno mira el reloj y nada, no se mueve. Cada minuto parece una eternidad, ni aunque nos tiremos a dormir, si podemos, el tiempo pasa. 

Pero como por arte de magia(?), llega el domingo. Te levantás pensando que para la tarde/noche, vas a tener una sonrisa porque tu equipo le pegó un baile a los primos. Untás las tostadas con mermelada de frutilla con una banda roja sobre el queso crema, te vestís hasta con la ropa interior blanca y roja. Por ese día no existe nada más. Sólo es River. Se deja de lado las obligaciones del laburo, la tarea, la familia, los amigos, las relaciones. Todo. 

Se te puede parar el corazón, pero uno sigue pendiente del partido que está a segundos de arrancar. Y en el momento que arranca, desaparecemos. Las millones de almas en el mundo, teñidas de blanco y rojo, se ponen a disposición de 11 muchachos, que van a dejar la vida por el club más grande de la historia del fútbol argentino. Por las glorias, los títulos, el buen fútbol y las fiestas que pasaron en casi 112 años de una rica historia.

Y es así, como te pido River querido, que me des una alegría una vez más. Que todo lo que viví esta semana tenga un final feliz, por todos nosotros que te alentamos siempre desde el tablón, desde casa o a miles de kilómetros de distancia, porque el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar.. ♪♫

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  3. esoscoloresquellevas posted this